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Yo quería ser un borracho de la vieja escuela.


- Te volviste un amargado. – dijo María, sin levantar la mirada de la revista que tenia entre las manos.

Franco la miro detenidamente, sus ojos estaban llenos de odio. Ella no lo noto o aparentó no hacerlo. Apagó su cigarrillo, se dirigió a la cocina, se sirvió una copa de vino y volvió a su asiento.

- Gracias por pensar en mí. – pronuncio ella entre dientes, mientras apenas asomaba la mirada sobres las hojas de la revista.

Él ignoró el comentario. Sacó un calmante se su bolsillo, lo tomo con su primer sorbo. Sus facciones cambiaron repentinamente, su rostro palideció. Se puso de pie con mucho esfuerzo y avanzo lo mas rápido que pudo hacia el cuarto de baño. Ella lo escucho vomitar, tiro la cadena, se abrió el agua del lavamanos y se oyó que se enjuagaba la boca con agua. Lo vio volver a la habitación, agarro su copa de vino y se fue nuevamente a la cocina. Pocos segundos después volvió con un vaso con agua.

- Creo que me arruiné el hígado. – dijo mientras se sentaba nuevamente.

- No me extraña, si venís tomando como un animal. – respondió en un tono desinteresado, sin despegar la mirada de su revista.

- Me alegra que te preocupes por mi… - franco se detuvo, saco nuevamente un calmante y lo trago con un sorbo de agua.

- Si vos te queres matar es cosa tuya, yo ya me canse de preocuparme.

- ¿Quién te dijo que yo me quiero matar?

- Por la manera en la que tomas, cualquiera diría lo mismo.

- No entendes nada… - dijo él, casi susurrando.

- ¡Idiota! – grito ella mientras golpeaba una pequeña mesa ratona que se interponía entre ellos dos, con la revista doblada. - ¡Sos vos el que no entiende nada!, ¡siempre con tu maldita bebida!, ¡Vos y tu puta bebida!

- Sufro de dolor, no se si te diste cuenta…no tenes idea lo que es vivir con un dolor constante… - le respondió en un tono lento y monótono, mientras levantaba la mirada apuntando al techo.

- Ya se que tenes dolor, desde el accidente que no hablas de otra cosa. Vos, tu dolor, tus calmantes y tu puta bebida. Ya me tenes cansada, siempre con lo mismo. ¿No te aburre hablar siempre de lo mismo? – dijo ella con aquel tono de voz que él tanto detestaba.

- Aparentemente no… - hizo una pausa, encendió un cigarrillo. – Vos por que la sacaste barata, saliste volando por el parabrisas. Pero fui yo el que se quedo atrapado adentro durante horas, con el motor aplastándole las piernas.
- Vos, vos, vos y vos. ¿Y yo que? Yo también salí lastimada, ¿o no te acordas?

- Claro que me acuerdo. Desde entonces que según vos yo soy un amargado y para mí, vos te volviste una perra fría.

- Prefiero ser una perra fría que un borracho adicto a los calmantes.

- Disculpame por no ser masoquista como vos. Pero a mi el dolor no es algo que me de placer.

- ¿Ironico, no?

- ¿Qué cosa?

- Que me llames a mi masoquista, cuando sos vos el que se mata de a poco.

- Yo no me mato de a poco, lo único que hago es evitar el dolor, es todo lo que me importa.

- Eso lo se muy bien, ya que yo te deje de importar por completo. Siempre hablas de vos, de tus piernas, tu dolor, tus calmantes ¡Y tu puta bebida!

- Disculpame, debería ser menos egoísta, ya lo se. ¡Tal vez debería putear por tu dolor, para variar un poco! ¿No te parece?

Maria se puso de pie y desaprecio en la cocina. Después de unos minutos volvió con dos copas de vino ya servidas. Se sentó en su asiento del otro lado de la mesa ratona y apoyo las dos copas sobre esta.

- Ah, perdoname, me olvide que no podes tomar.

Se volvió a parar, agarro una de las copas de vino y se la arrojo a franco. Su mala puntería hizo que la copa pasara a más de medio metro de su cara y se estrellara al final de la habitación.

- Ese es un buen vino, no deberías desperdiciarlo así.

- Idiota… - murmuro ella mientras volvía a tomar asiento.

- Tal vez se me pase, si le doy un poco de descanso a mi hígado.

- ¿No pensaste en ir al medico? – dijo ella volviendo a su tono desinteresado que franco tanto odiaba.

- ¿Para que?

- ¿Cómo para que? Por que no te sentís bien.

- Los médicos no me gustan, me traen malos recuerdos.

- A nadie le gustan los médicos.

- Pero a mi menos que a los demás. Ya me lo puedo imaginar. Ellos, con su típica sonrisa falsa y su maldita mirada que dice “todo esta bien, pero en verdad te quiero sacar hasta el ultimo billete. Y si no encuentro nada, te saco el apéndice para comprarme un auto nuevo”. Los detesto.

- No todos son así, todavía queda gente honrada en este mundo.

- Esos son los peores. “hola, que le pasa cuénteme”, “bueno doctor, vera…, lo que pasa es que creo que me arruine el hígado”, “¿y por que piensa eso?”, “bueno vera doctor, mi cuerpo no me tolera mas el alcohol, si tomo un sorbo lo termino vomitando”, “¿usted toma mucho?, “bastante”, “¿Cuánto es bastante?”, “lo suficiente como para considerarme un borracho de la vieja escuela”, “bueno, le dejo anotado acá unos estudios, hágaselos y después hablamos”. Esos son los que siempre te hacen sentir como una basura y después de eso, te operan para comprarse un auto nuevo.

- Sos un idiota… - dijo ella mientras terminaba su copa de vino.

Il risveglio dal morto vivente‏.

La noche anterior, Franco había tenido una extraña visita, que lo había dejado pasmado. Al irse ella de su casa, revisó su apartamento en búsqueda de alcohol. Encontró tres cuartos de whisky, colocó un disco en su viejo tocadiscos y bebió hasta quedarse dormido sobre su sillón.
A la mañana siguiente, para su sorpresa, se despertó sin resaca. Sonrió para sus adentros. Se levantó tambaleando por el sueño, su visión estaba nublada, veía con poca claridad y se dirigió hacia el baño, chocándose con todo a su paso. Abrió la puerta de un codazo y encendió la luz. Las paredes recubiertas de moho, emanaban un olor particular, que le recordaba a un húmedo amanecer en el cementerio. Intento mirarse al espejo mientras se lavaba la cara, pero recordó que una semana atrás un borracho lo había roto de un cabezazo. Dio media vuelta, enfrentado el inodoro, bajo su bragueta y busco con sus manos su artefacto.

- NO TENGO PIJA!!!!! - Resonó increíblemente fuerte por todo el departamento.

Corrió desesperado hacia la sala de estar, buscando la luz solar, esperando que todo fuese una alucinación. Le imploro a todas las deidades que aquello fuese tan solo un invento de su cabeza. Prefería aceptar que se estaba moviendo loco o que tenía los efectos del delirium tremens, cualquier cosa era mejor que eso. Al ser iluminado por la luz que atravesaban las ventanas, su visión se aclaro finalmente. Revelando unos huesos de caderas y un gran espacio vació, donde se suponía que debería estar su ingle. Miro sus manos, estas no tenían piel o carne alguna, solo se veían los carpios y metacarpios flotando en el aire. Fue entonces, al quitarse toda la ropa, que vio que era un esqueleto.

- LA PUTA MADRE!!!! – grito a todo “pulmón”.

Súbitamente recordó la noche anterior, las imágenes volvieron a pasar ante sus “ojos”, las tenia grabadas en el fondo de su hueco cráneo expuesto. Justo después de terminar su cena, restos de comida que quedaban en el interior de su heladera, cuando alguien llamó a la puerta. Para su sorpresa, del otro lado se encontraba una llamativa morocha de piel increíblemente blanca. Con unos labios carmesí que resaltaban aún más, que sus verdes y profundos ojos. Le dirigió una sonrisa, pidió por entrar y tomo asiento en su sofá.

- Hace tiempo que quería pasar a visitarte…

- ¿Te conozco?

- Todos me conocen…y yo los conozco a todos.

- Yo conozco pocas personas y recuerdo cada una de sus caras. Puedo asegurar que la tuya no la recuerdo.

- … O tal vez, no queres hacerlo. ¿Tenes algo para tomar?

Revisó en cada una de las portezuelas de su improvisada y mugrosa cocina, hasta que encontró una botella de vino. Enjuagó, incompetentemente, las dos únicas copas que tenia; y las llenó de vino, mientras tomaba asiento frente a ella. Quedaron en silencio un largo rato. La mujer contemplaba minuciosamente su copa, mientras él se preguntaba, quien era su extraña visita.

- ¿Alguna vez te pusiste a pensar cuantas personas dieron sus vidas, para que vos disfrutes de este vino? – dijo finalmente su invitada.

- No, para serte honesto, en este momento estoy pensando, quien sos vos y que haces en mi casa.

- Digamos que soy una vieja amiga, que viene a cobrar una deuda. – respondió, mientras se dibujaba una amplia sonrisa en su rostro.

Franco comenzó a sentir un leve cosquilleo en su mano derecha. Al levantarla, vio que una pequeña cucaracha caminaba sobre ella. La sacudió velozmente, el insecto salio disparado y cayó dentro de su copa de vino. Sus piernas empezaron a zapatear nerviosamente, crujiendo con cada golpeteo. Fue entonces, cuando notó que todo su apartamento estaba recubierto de una alfombra de cucarachas, gusanos y demás criaturas rastreras. Una gota de frió sudor le recorrió la frente, mientras su mirada se cruzaba con la de ella. La habitación entera se envolvió en llamas que devoraban todo el interior, menos a ellos dos. Las flamas no lo quemaban, mas bien sentía un frió aterrador, cada vez que las lenguas del fuego lo tocaban.

- Bueno, me tengo que ir. – dijo su visita, mientras las llamas desaparecían y todo retornaba a la habitual. – No te preocupes en acompañarme, se donde está la puerta.

Mientras el esqueleto, que una vez había sido Franco, emergía de sus recuerdos. Se encontró a si mismo, tomando los restos de la botella de vino, de la noche anterior. Sus amarillentos huesos, ahora empapados de moscatel, habían tomando un tinte rosado.

- Lo que me faltaba. – gruño en voz alta. – ahora además, soy un esqueleto rosado!!!

Paso la siguiente media hora, revolviendo su departamento, buscando algo de ropa para cubrir enteramente su cuerpo. Necesitaba ayuda, estaba entrando en un profundo estado de desesperación. Por alguna extraña razón que no terminada de entender, de la noche a la mañana, había dejado de ser un hombre. Ahora se parecía mas a un objeto de exhibición de algún tipo de museo. Finalmente logro encontrar el pasa montañas que le habían regalado años atrás y jamás había usado. Lo coloco sobre su cráneo, ahora teñido de rosa, rellenándolo de papel higiénico para intentar disimular un poco más, su calaverita cabeza envuelta en tela de lana. Por ultimo se coloco unos lentes oscuros y salió a la calle.
Caminó increíblemente ligero, las quince calles que separaban su departamento del de Mónica, su pareja. Ya hacia tres años que salía con ella. Las cosas no habían sido fáciles, pero finalmente todo parecía estar encajando. En el último año, él había logrado soltarse, como ella siempre le había pedido que haga. Siempre criticándole, en cada pelea, que él no se dejaba conocer. Sin embargo, sus anteriores relaciones habían sido todo lo contrario. Cuanto más lo conocían, más se alejaban, hasta que finalmente no quedaba nada. Pero actualmente, se había sentido realmente feliz de haberla conocido. “Eso de hablar, no es tan malo” se decía para sus adentros. Tal vez era tiempo de aceptar el curso normal de la vida, madurar, establecerse; y con ella, no le parecía una mala idea, en absoluto.
Mientras recorría el camino hacia los brazos de su amada, esperando consuelo, unas palabras de ánimo e incluso alguna idea de cómo solucionar su actual situación. Se encontró con que la gente lo evadía, como si se tratara de un leproso. Al mirar su reflejo en el escaparate de un negocio, vio cuan ridícula era su silueta. No tenia carne que le rellenara la ropa, era ropa colgada de una percha huesuda. Con una cabeza realmente deforme, abultada irregularmente por las pelotas apelmazadas de papel higiénico.
Mientras intentaba, inútilmente, parecerse lo más humanamente posible. Acomodando sus prendas e intentado darle a su cabeza rellena una forma humanoide. Se percato que algo estaba tironeando de uno de los pliegues de su pantalón.

- ¡¿Puede hacer que su perro me deje de joder?!

- ¡Boca sucia! - gruño la vieja coqueta.

- Si no hace que pare, se lo piso y fin del problema.

La señora acelero el paso, espantada, mientras arrastraba al pequeño adefesio acogotado por la correa. La lengua se le escapaba de lado y sus ojos amenazaban con salirse de la cara. Mientras el tapado de piel le golpeaba en el hocico a cada paso, su boca se cerraba y le mordía la lengua involuntariamente.

- Bueno, no hay mucho que pueda hacer, mejor sigo. – pensó en voz alta.

Al llegar al edificio donde Mónica vivía, tuvo la suerte de que ella no bajara a abrirle. Se le hubiese complicado demasiado entrar sin dar explicación alguna en plena calle, pensó para sus adentros. Lo atendió por el portero eléctrico, hizo sonar la chicharra y la puerta cedió de un empujón. Franco no se animo a subir por las escaleras, se imagino resbalándose y partiéndose en mil pedazos. Entonces toda su realidad adquirió una nueva perspectiva en su huesuda cabeza.

- ¿Si me rompo en cientos de partes, moriré o seguiré viviendo? – se pregunto a si mismo.

Prefirió no conocer la respuesta y monto sobre elevador. Aquella subida de tres pisos le pareció eterna. No tenia la mas mínima idea de cómo iba a contarle, que ahora era un esqueleto viviente. Al detenerse el ascensor, rechinido intensamente, como era normal que lo haga. No llego a poner su mano sobre el timbre, que ella ya había abierto la puerta.

- ¿Qué haces así disfrazado payaso? Veni pasa.

- Hay algo que tengo que contarte…y la verdad es que no se como hacerlo. – dijo franco mientras se sacaba uno de los guantes y exponía su huesuda mano.

- ¿Esto es un chiste? No me da ninguna gracia, eh!

- Ojala y esto no es todo.

Al terminar de decir esto, comenzó a sacarse toda la ropa. Los ojos de Mónica se abrieron de par a par y estallo a carcajadas.

- ¡Sos un esqueleto rosado! – dijo mientras reía estrambóticamente.

- ¡¿de que te reís tarada?!

- ¡De vos, esqueleto maricon! – siguió diciendo entre risas, mientras se dejaba caer al suelo.

- ¡La puta que te parió, miame! vengo a decirte que soy un esqueleto y ¡¿vos te me terminas cagando de la risa en la cara?!

- Jajajajja disculpame, esto es demasiado jajajjaa, sos un esqueleto rosa jajajajjaa – decía mientras daba palmadas en el suelo.

- ¡Para de reírte un poco concha frígida!

- Ahh nooo, el esqueleto de Valentino liberace, no va a venir a mi casa y tener el tupe de llamarme concha frígida. ¡Andate hijo de puta!

- ¿Me estas cargando? Vengo con un problema, te me reís en la cara ¿y por que me enojo me hechas? ¡¿No te das cuenta que soy un maldito esqueleto?!

- ¿Y yo que culpa tengo? A mi no me insultas ¿entendiste?

- ¿No crees que viéndome así, no puedo tener el derecho de estar un poco irritable?

- Bueno, si, supongo. – dijo mientras bajaba la mirada hacia el piso. Al levantarla, para volver a mirarlo, su piel palideció. - NO TENES PIJA!!!!!

- ¿Crees que no lo note?

- Necesito un minuto para pensar esto. Es demasiado para mi…

Mónica caminó una y otra vez de un lado a otro del departamento. Se detuvo durante un instante para encender un cigarrillo, para luego volver a caminar. En su cara se iban dibujando y desdibujando gestos, como si estuviese hablando pero sin gesticular. Entró en la cocina, salio de ella con una copa de vino, para seguir yendo de acá para allá. Pitaba su cigarrillo de una manera frenética. Las cenizas se acumulaban hasta que caían solas por su peso.
Franco comenzó a impacientarse, ya conocía aquel ritual que tenia, frente a situaciones que la superaban. Sabía muy bien que, en aquel momento, su cabeza era un torbellino de pensamiento. Analizando todas las posibles situaciones y re estructurando su vida a partir de ellas. Imaginando el resto de su vida, basándose en cada una de las posibilidades que aparecían en su mente.

- Bueno. – rompió finalmente el silencio. – ¡No!

- ¿No? ¿No, que?

- No, esto no es para mí. Puedo soportar muchas cosas y Dios sabe que lo hice. Pero esto no.

- ¿Qué me estas diciendo?

- Que no puedo amar a un hombre sin pija.

- No puedo creer que me estes diciendo esto. Necesito tu ayuda, me imagino que esto es solo temporal, tiene que ser temporal.

- ¿Se supone que me tengo que creer eso? ¿Qué te va a crecer la piel de la noche a la mañana?

- Se me fue de la noche a la mañana. No veo por que no pueda reaparecer de la misma manera.

- Bueno, pero yo no voy a estar acá llorando por vos, mientras logras un milagro. ¡No soy Penélope! Tengo mis necesidades.

- ¿Tanto te hierve la concha que no podes esperarme?

- Franco… se terminó… sos un esqueleto. Búscate una zombie o lo que sea, pero esto se terminó acá. Andate por favor. – dijo mientras se alejaba y cerraba la puerta de su habitación.

Cubrió su huesudo cuerpo, lo más rápido que pudo, sintiéndose totalmente humillado. Gritando, “puta de mierda”, antes de cerrar la puerta de un portazo. Llegó a la calle y comenzó a caminar sin rumbo, mientras pensaba en todo el tiempo desperdiciado en aquella mujer. Tantas palabras y charlas que terminaron siendo vacías, todas esas payasadas de compartir, eran solo un show. Una mujer de verdad lo hubiese ayudado. “a quien estoy tratando de engañar” se aclaró a si mismo. “todos se escapan cuando las cosas se ponen difíciles. La diferencia es que algunos aguantan más que otros”.
Luego de seguir mascando rabia para sus adentros, durante un largo rato. Franco se encontró parado frente al cementerio local. Viendo que estaba mas muerto que vivo, decidió entrar, “y tal vez no salir”, se cruzo por su cabeza mientras adelantaba la entrada del complejo.
Transitó alrededor de las parcelas, nichos y bóvedas durante aproximadamente una hora. Sintiéndose realmente a gusto en aquella pacifica necrópolis. Cuanto más recorría, más le atraía la idea de vivir ahí. Intento abrir una bóveda adornada con gárgolas, pero el esfuerzo fue demasiado. Paso los siguientes quince minutos encontrando la manera de volver a insertar su mano izquierda en su cuerpo. Sus huesos no se rompieron, ni se astillaron, pero aprendió que ahora era un ser desmontable. Toda la situación le resulto muy deprimente. Al parecer, según su perspectiva, no existía forma de ponerle fin a su dilema. Excepto, enterrar su cuerpo bajo tierra y esperar a que sus huesos se descompusieran del todo. Tal vez, solo entonces, moriría de verdad.
Recorrió el cementerio, buscando una tumba recién cavada, para llevar a cabo su plan. El cual consistía, en encontrar un agujero recién hecho, introducirse en él, cubrirse con tierra y una vez que depositaran un ataúd y lo taparan, era cuestión de esperar a que los gusanos y demás alimañas hicieran su trabajo. Tarea que no le costo mucho trabajo, ya que todos los días muere alguien. Pero al arrojarse de cabeza en el primer sepulcro que encontró, una voz le llamo la atención.

- ¿Qué crees que estas haciendo?

- estee… - Titubeo por un segundo, hasta reconocer al dueño de aquella voz. - ¡vos! ¡Es tu culpa que yo este pasando por esto!

- Veo que realmente no recordas nada… - dijo la misma mujer que la noche anterior había visitado su departamento. Ahora parada en el borde de la fosa.

- Si, recuerdo que viniste a mi casa. Me hiciste alucinar de alguna manera, que todo se prendía fuego y al día siguiente, era un esqueleto. – le respondió mientras se sacaba la ropa y le mostraba su nueva forma.

- Jajajajajaja – rió histriónicamente. – solo estas recordando una parte de la historia.

- ¿Se supone que hay otra?

- Si, hace unos diez años, exactamente.

- Si tuviese cara, en este momento estaría poniendo cara de tarado. Pero como no tengo, te lo digo.

- Vamos, salí de ese pozo y te lo explico. – le respondió con una calida sonrisa dibujada en su rostro y extendiéndole una mano para ayudarlo a salir.

- Bueno…necesito saber toda la verdad, sin más juegos o trucos. – manifestó el esqueleto desnudo al emerger a la superficie.

- Supongo que te lo mereces, después de esta pequeña broma. – declaro con la misma sonrisa anterior.

- ¿Entonces?

- ¿Realmente no te acordas lo que te paso hace diez años? ¿El accidente de autos en la ruta?

- Si, eso no me lo voy a olvidar nunca.

- Ese fue el día que nos conocimos…mientras mirabas tu cuerpo ensangrentado, tirado en una zanja.

- ¿Qué?

- Se suponía que tenías que haber muerto. Pero me diste ternura y te perdone. ¿No te acordas el trato que hicimos?

- No me acuerdo de casi nada… solo imágenes… después el hospital.

- Te di diez años de vida, te devolví a tu cuerpo, a cambio de tu amor, para toda la eternidad. Como te dije esa ves, la muerte también se puede sentir sola.

Al finalizar de decir aquello. La mujer se agarro el rostro con las manos y al bajarlas lentamente, se arranco la piel. Primero se desprendió solo la piel de su cara. Pero al igual que un disfraz de una sola pieza, el resto de la piel, incluyendo ropa, se separó de ella. Exponiendo a la luz del sol, un esqueleto femenino.

- Vos y yo, estamos hechos el uno para el otro…

- Bueno… - franco se detuvo durante un segundo. Contempló a aquel cadáver de mujer durante un instante y luego siguió diciendo. – Bueno, soy un esqueleto, no me voy a poner en pretensioso justamente ahora.

Definitivamente no soy de este planeta.



Me encontraba en mi casa, intentando escribir, pero las palabras simplemente no venían. No solo las palabras, tampoco las ideas, malditas ideas ¿Dónde están? ideas, palabras, mujeres; siempre vuelvo a ellas, ella siempre vuelve a mi. Hacia tiempo que todo había terminado. Era una historia vieja o algo por el estilo, pero era difícil olvidarla. Pocas veces una mujer me hizo odiar tanto todo.
“Los marcianos llegan a la tierra, cientos de pequeños platos voladores aterrizan sobre la nueve de julio. Se abren las compuertas y se despliegan rampas de descenso. Saliendo de ellas, una gran cantidad de diminutos seres, que se desplazaban a los saltos. Eran culos, cientos de pequeños culos rebotantes invadían Buenos Aires. Inflándose y desinflándose a intervalos regulares, llenaban la ciudad de mierda”.
Era difícil seguir escribiendo, había tardado una hora en escribir ese maldito párrafo. La habitación estaba llena de humo y los calmantes se me habían subido a la cabeza. La habitación entera se estaba encogiendo, las paredes comenzaron a desplazar las cosas sobre el suelo. Cuando la basura comenzó a asfixiarme, me puse de pie, agarre mi abrigo y decidí salir a tomar algo.
Llegue al bar cerca de la media noche, lugar al que solía ir cuando no tenia nada para hacer, siempre solía haber algún rostro familiar. Me acerque a la barra y pedí una cerveza. Mi pierna me estaba matando, saque un calmante del bolsillo y lo trague junto con el primer sorbo. Mire a mi alrededor, ninguna cara conocida, solo mugre y borrachos. Paredes cascadas, suciedad, piso mojado y pegajoso, ceniza y colillas de cigarrillos por doquier. Ni siquiera entre tanta basura me sentía como en casa. En otro tiempo hubiese sido de otra manera, pero ya no, algo había cambiado y no podría explicar exactamente que. Mi estado misántropo habitual no había crecido, ni disminuido en absoluto. Todo seguía igual y sin embargo no era así.
Un sujeto choco mi hombro derecho, mientras se abría paso hacia la barra, sacándome de mi profundo estado de introversión. Pidió su trago y luego recorrió con la mirada a su alrededor. Lamentablemente nuestras miradas se cruzaron, sabia que estaba en problemas, era de esa clase de personas que buscan charla con cualquiera. Que suerte la mía.

- ¡Que calor que hace!

- Si, hace calor.

Respondí secamente, esperando que advirtiera que no tenía ganas de hablar con nadie, especialmente con alguien como él.

- Me pediría una cerveza, por el calor. Pero me pasa como agua, me hace falta algo más fuerte.

- Aja.

Esta vez me limite a dejar salir de mi boca un sonido, vagamente similar, a una afirmación. Pero con una gran dosis de indiferencia, creyendo que cumpliría su efecto.

- Por que yo empecé a tomar de muy chico – siguió diciendo sin siquiera importarle si lo escuchaba o no. – Tomaba de todo, ahora mi hígado se hizo resistente a la mayoría de las bebidas, la cerveza apenas me hace efecto y no le siento mucho el gusto. Cuando era chico, tuve un coma alcohólico de tanta cerveza que tome una noche. Me desperté en el hospital…

- No se si es que me ves cara de psicólogo o algo así… - dije interrumpiéndolo secamente. – Pero lo cierto es que no me importa, tampoco te estoy escuchando. ¿No preferirías contarle todo esto a alguien que si te vaya a escuchar?

El sujeto esbozo una mueca de disgusto, agarro su trago y se alejo inmediatamente de la barra. A mi izquierda escuche una carcajada raspante, que intentaba ser atenuada sin mucho éxito. Mire de reojo, temiendo que sea otro charlatán sin control, tratando de llamar mi atención para luego contarme de su vida. La riza le pertenecía a un viejo, canoso, medio pelado, barrigón, de nariz colorada. Un borracho con oficio, de la vieja escuela. Lo mire, dibuje media sonrisa con mi labio y serví lo que quedaba de cerveza en mi vaso.
Di una vuelta alrededor del bar, buscando algún conocido con el cual intercambiar una palabra o dos, mientras terminaba mi bebida, sin éxito alguno. Volví a la barra para pedir otra cerveza. Al apoyar el vaso sobre ésta, el viejo lo llenó, mientras se dirigía a mí.

- ¿No te encantan los humanos? Siempre intentando contarle sobre su vida a alguien…

- No, la verdad es que me molesta bastante esa clase de personas.

- jajajajajaja

El viejo se reía desmesuradamente. Su cara y barriga se agitaban en todas las direcciones, era divertido verlo reír, casi contagiante.

- ¿Hace cuanto que estas acá?

- Una media hora supongo…lo que me tarde en terminar mi cerveza…no lo se…no llevo la cuenta.

- No me refiero al bar, sino a este planeta. - Dijo el viejo mientras se acercaba a mi oído y prácticamente susurraba su última frase.

Su expresión de borrachín alegre y bonachón había cambiado radicalmente, ahora su cara expresaba una intensa seriedad, no parecía estar contando un chiste. Según su rostro, lo estaba preguntando seriamente. Decidí seguirle el juego, de todos modos me estaba invitando alcohol.

- Bueno… - hice una pausa intentado pensar que responder. – Entonces supongo que la respuesta correcta seria, desde que nací. Toda mi vida o al menos desde que recuerdo, siempre estuve en este planeta.

- Sin embargo, eso no quiere decir que seas de este planeta…

- ¿Ah, no?

- En absoluto…nuestra especie tiene la habilidad de poseer cuerpos. Sin embargo, si poseemos el cuerpo de un humano en el vientre, olvidamos todo hasta que el cuerpo deje de funcionar. Viviendo una vida que creemos que nos pertenece.

- Interesante… ¿y que pasa con tu cuerpo cuando posees uno humano?

- jajjajajjaaja – el viejo volvió a reír, su rostro recobro su expresión de borracho alegre, mientras su cuerpo rebotaba con cada una de sus carcajadas. – nosotros no tenemos cuerpos, viejo amigo, claramente no recordas nada. Somos pura energía…cuando viniste a este planeta, cometiste un error de principiantes, o tal vez solo querías saber que se sentía ser un humano. De todos modos todo eso ya no importa, al fin te encontré.

Pase las siguientes horas escuchando las alocadas historias del viejo, quien revelo que su nombre terrestre era Enrique. En todo ese tiempo mi vaso nunca estuvo vacío. Sacaba una cerveza atrás de la otra y aclaraba cada vez, que él invitaba. Habló sobre nuestro supuesto planeta, de donde teóricamente yo también provenía. Describió detalladamente los paisajes, las ciudades, la evolución de nuestra especie, de seres corpóreos a incorpóreos. El viejo no parecía un demente, estaba realmente convencido que lo que decía era cierto. Supongo que eso es la locura.
La mezcla de cerveza y calmantes se me había subido a la cabeza. Comencé a imaginar lo bueno que seria ser un extraterrestre. Disponer a mi mando una gigantesca horda de pequeños culos saltarines, que llenasen de mierda todo aquello que yo señalase. Por un momento la realidad se distorsionó, las puertas se abrieron de par en par. El bar de lleno de nalgas tira caca, que embadurnaban a todos los presentes con sus proyectiles escatológicos. Las chicas corrían a los gritos, desesperadas, sus bocas eran tapadas por mierda. Los hombres resbalaban, caían al suelo e intentaban escapar arrastrándose por un río de caca.

- Estas empezando a entender… - dijo el viejo interrumpiendo mi fantasía.

- ¿Qué cosa?

- Imaginar es el primer paso para moldear la realidad a tu antojo.

- ¿De que estas hablando?

- Pude ver tu pequeño acto, la invasión de culos es una muy buena idea…

- ¿Cómo sabes que estaba imaginando eso?

- jajajajajaja – el viejo parecía realmente entusiasmado, cuanto mas cara de sorpresa ponía, mas se deleitaba.

- Bueno muchachos, estamos cerrando en cinco minutos. – interrumpió el barman.

- Vamos a conseguir más cerveza.

Me pareció una buena idea. Nos pusimos de pie y salimos a la calle. Caminamos a la deriva, buscando algún otro lugar para tomar algunos tragos más. Estaba tan intoxicado que se dificultaba avanzar en línea recta. La combinación de ebriedad, calmantes y una pierna defectuosa, me dificultaban bastante seguir el ritmo del viejo. Caminaba verdaderamente rápido para su edad y su supuesto estado alcohólico.
Fue entonces, después de haber recorrido unas cuantas calles, que vimos adelante nuestro, un grupo de jóvenes que avanzaban atolondradamente, en dirección contraria a la nuestra.

- Ahí vienen problemas. – dijo el viejo mientras se detenía súbitamente.

- Si, claramente andan buscando pelea. – respondí sin titubear.

- Este es un buen momento para que recuerdes tus habilidades. – dijo el Enrique, el supuesto extraterrestre. – ¡Negros de mierda, los vamos a matar! – se apresuro a gritar.

- ¿Qué carajo estas haciendo? Nosotros somos dos y ellos son como diez, ¡nos van a romper la cabeza!

- No no no no, vos recorda tus habilidades. Si tenes la voluntad suficiente, podes trasformarlos en ardillas si queres.

- Viejo del orto, una cosa es escuchar tus historias y otra es muy distinta es creer que puedo hacer algo al respecto con solo pensarlo.

- ¡Vamos vamos! Yo se que vos podes.

- Nooo, yo no puedo nada. ¡Si vos sos capaz de salvarnos de esta, hacelo!

- ¡Este es tu momento de recordar, de brillar!.

- ¡Brillar las pelotas, nos van a matar, viejo del orto!

- ¡Vamos, esta en vos, yo se que podes! – volvió a repetir.

- ¿Me estas hablando en serio? ¡Yo soy un rengo borracho, no puedo ni correr!

- Bueno, no te preocupes, yo me encargo de esto.

El grupo de jóvenes, al escuchar los insultos del viejo, aceleraron el paso, se dirigían hacia nosotros a toda velocidad. El viejo cerro los ojos por un momento, sus cejas se arquearon de una manera que nunca antes había visto y de su boca empezaron a salir sonidos guturales ininteligibles. Todo su cuerpo comenzó a estremecerse espasmódicamente, mientras sus brazos se levantaban lentamente en la dirección que nuestros futuros atacantes se aproximaban. Se detuvo súbitamente, giro sobre sus talones, enfrentándome.

- ¡No, no me sale! - Dijo mientras palidecía y salía corriendo en la dirección la dirección opuesta.

- ¡Extraterrestre del orto! – fue lo único que alcancé a decir antes que nuestros acechantes me alcanzaran.

Solo un día más.


Mis pupilas se dilataban y se contraían constantemente. La luz me estaba matando. Cada destello se robaba un pedazo de mi alma. Finalmente no quedo nada. Mire a mi alrededor, estaba rodeado de rostros extraños. Todos encerrados dentro de las mismas cuatro paredes, corroídas por el moho y descascaradas por la humedad. El olor a orina era nauseabundo, decidí salir a tomar un poco de aire.
Al caminar dos calles me quede sin aliento, tenia los pulmones llenos de humo. El sol se estaba escondiendo y yo recién estaba amaneciendo. Cuatro monjas que pasaban se levantaron los hábitos, al caminar junto a mí, mostrándome sus entrepiernas desnudas y sin depilar. El olor a suciedad acumulada que emanaban me dieron nauseas, vomite, escupí y volví a vomitar. Eso es un pecado, no bañarse, monjas sucias. Intente levantarme, no pude. Un perro se comió mi vomito. El aire me despejo, me levante, empecé a caminar sin rumbo. Que día aburrido, quiero más.

El alcoholismo es sagrado.


J.C - ¿Cómo se siente estar sobrio?
M – ¿Queres saber la verdad? Es una mierda.
J.C - ¿Por qué?
M – por que la verdad es que la gente me aburre. Estar borracho es lo único que los hace más o menos soportables.
J.C – a ver, contame un poco mas sobre eso…
M – la verdad que no hay mucho más que decir al respecto. ¿Por qué te aburre una película, un libro o lo que carajo sea? Simplemente aburre…bueno, a mi me aburre la gente.
J.C – osea…que ¿necesitas de alcohol para interactuar con otras personas?
M – veo que no sabes escuchar, en ningún momento dije eso.
J.C – o sea que evadís responder.
M – no evado una mierda, me aburrís, chau.

Empatía.

El amanecer de ese día, no fue como cualquier otro. Había algo fétido en el aire, corrosivo, nauseabundo. Pedro lo sabia, siempre igual, el mismo día, cada mes. Por alguna extraña razón que no sabia comprender, su serpiente y su novia, tenían sus días comprometidos en la misma fase lunar.
Al abrir los ojos esa mañana, la habitación olía a muerte. No sabía como explicarlo, pero siempre sentía la misma sensación. Metió su mano izquierda bajo las sabanas, le acaricio suavemente los muslos, subió su mano sintiendo la suavidad de su piel hasta llegar a su calida entrepierna. Titubeo, aquella viscosidad era conocida, la aparto rápidamente. No tuvo que acercarla su nariz, sabia lo que significaba.
Se aproximó al serpentario. Esta abrió los ojos y se lanzó desesperadamente contra el vidrio. Se retorció, repetidas veces, sobre ella misma y luego estrello su mandíbula, nuevamente, contra el cristal. Era hora de comer, el olor a sangre en su mano se lo decía, no podía resistirlo.
Pedro recordó el día que la compro, creyó que tener una Boa constrictora iba a ser divertido, hasta excitante. Pero con el tiempo, termino siendo todo lo contrario. Caminó hacia la cocina, abrió la puerta de la pequeña jaula y agarró a uno de los dos pollitos, mientras piaban desesperadamente. Lo froto contra su mano izquierda, embadurnándolo de sangre femenina. Toda la situación le daba asco, quería vomitar, pero esta era la única forma que Babel comería. Hacia meses que debía realizar el mismo ritual o su mascota se dejaría morir de hambre. Ya no se satisfacía solamente con devorar una creatura pura e inocente, ahora le exigía la sangre de su mujer y pronto le pediría más.
Colocó el polluelo manchado dentro del serpentario. Este chillo y se aparto a los saltos hacia un rincón. Ella sabia que la victima no tenia escapatoria, se tomo su tiempo, disfrutando cada segundo mientras reptaba lentamente. Rodeo parsimoniosamente a su presa y luego la introdujo en su boca. El pollito piaba desesperadamente, suplicaba por su vida, mientras se hundía lentamente en la garganta del reptil. Una vez habiendo desaparecido, babel miro fijamente a los ojos de Pedro. Abrió su boca, sin dejar de mirarlo, se podía escuchar al pollito piando, el sonido provenía del interior de la serpiente.
Mara abrió los ojos, su boca estaba seca, necesitaba salir inmediatamente de esa habitación, olía a muerte. Caminó por el largo pasillo hacia la cocina, pedro estaba en un rincón mirando hacia la esquina. Se acercó a él, puso una mano sobre su hombro, Pedro se dio vuelta y la miró a los ojos. Ella le dijo “buenos días”, el abrió la boca e intento hablar, pero le fue imposible. Los pitidos lo horrorizaron, seguía vivo dentro de él.

Asociación libre.

Mirada efervescente de sangre. Gritos de dolor a la madrugada. Espíritus sombríos recorriendo los pasillos desolados. Recuerdos borrosos que mejor deben ser olvidados. Ella grita, gime, vomita y vuelve a gemir. Mezcla de sufrimiento y pasión. Los limites no están bien estructurados. Dice mas, dice basta, no pares! ¿Por que paras? Seguí seguí, me muero de dolor. Quiero más. Tanta ambigüedad le da nauseas, quiere escapar, quiere seguir.

Acto segundo:
Personajes – Conde y Condesa Rostrichelli
(Biblioteca del palacio de verano)

Conde – sabes amor mío, he tenido una revelación.
Condesa – oh luz de mis ojos, dime más.
Conde – el amor es una cosa maravillosa.

Escribe tu el resto Henry Miller!!!!

Privación


El silencio y la oscuridad eran insoportables. Mi corazón parecía palpitar mas fuerte de lo normal, intentaba escapar de mi cuerpo en cada latido. Extendí mis brazos, tanteando a mí alrededor, pero no sentía más que la densidad del aire. No fue hasta que intente dar un paso, que me di cuenta, que mi cuerpo no me pertenecía. Creí haber levantado mis miembros superiores, suponiendo que los tenia, pero nada estaba más lejos de la realidad.
“¿Dónde esta mi cuerpo?” fue lo que quise gritar en un brote de desesperación. Obviamente me fue imposible, dado que también carecía de boca, cuerdas vocales, pulmones y demás tejidos necesarios. Mi conciencia se suspendía en un aparente infinito negro; y sin embargo, no estaba del todo privado de sentidos. No era como estar flotando en el agua, la única sensación similar a flotar, con la cual lo podría comparar. Se sentía como…
“mariano…mariano…ya esta…ya paso…” – decía la anestesióloga.
Mierda, primero me duermen para abrirme como a un pavo en navidad y cuando todo empieza a encajar, me devuelven a mi cuerpo. ¡¡¡¡Noooooo dolor dolor, duérmanme otra vez!!!!

Vos no te metas conmigo y yo no me meto con vos.



Hace días que intento sentarme a escribir, pero mi cabeza anda saturada con sandeces de los hippies de la nueva era. Mientras releo esa maldita frase que acabo de escribir, me pregunto; ¿Por qué no se meten esa película “el secreto” bien adentro, mas allá de los bolsillos.
“Por que si pensas positivo, tu vida va a ser positiva”; y yo acá mascando rabia, deseando que el positivismo les reviente el hígado a todos de una buena vez. Solo espero que estas alimañas tengan razón por una vez en sus vidas y el 2012 se los lleve a todos. Entonces reiré, bailare y brindare por cada una de sus lagrimas de terror; ahí yo seré el positivo entre las muchedumbres histéricas y confundidas. Les regalare una sonrisa desde lo alto de un rascacielos, reiré a mandíbula batiente y aullaré a todo pulmón “¿Dónde esta tu preciado secreto?, tantos hippies positivos y el mundo se va al infierno de todos modos”.
Ahora, tan solo para intentar darle una coherencia a este pequeño escrito, si es que eso es posible. Les diré, no me vengan con gansadas sin sentido. No me intenten vender esa basura del hombre moderno y su poder sobre el cosmos. Reiré el día que todos mueran y hasta entonces me divierto solo.

Amén

Un paraíso dentro del infierno.


Mis ojos nunca se terminan de cerrar, mientras la sangre brota de mis encías cepilladas por demás. Afuera, las luces de neón juegan a las escondidas con los faroles delanteros de los coches que pasan a toda velocidad. Una prostituta estalla en gritos desesperados, la noche esta llegando a su fin; algunos siguen sin suerte.
No estoy dormido ni despierto, mi mente esta atrapada entre dos mundos. Los sonidos de la noche cobran vida en mi cabeza, toman forma, tiene rostros, aromas y colores. En la habitación continua, el respaldo de una cama golpetea la pared a un ritmo constante.
Mi conciencia se transporta, la sumatoria de sonidos adquieren ritmo en mi cabeza. Frente a mis ojos se extiende un interminable campo con altos pastos verdes. Un pájaro me adelanta pasando al ras de mi cabeza. Mis pelos se arremolinan con el batir de las alas.
Alguien toca la puerta, me paro, la abro. Sus ojos se encienden en llamas, aquella valkiria se aproxima buscando batalla. De todos modos; ¿Quién quiere altos pastizales y gigantescas alas emplumadas dibujando figuras en las nubes? La noche no había terminado aún; algunos todavía podemos tener suerte.

Un Dios de mierda para una vida de mierda.


Charly vomitaba sin cesar en el inodoro, mientras se preguntaba, “¿por que mi vida es tan mierda?”. Los últimos años habían sido un verdadero fiasco, una desilusión tras otra, lo único que no lo había abandonado era la bebida. Su mujer lo había dejado, su hija lo odiaba, por que su ex era una perra manipuladora. Su abogado le había hecho un arreglo injusto, por un conflicto de intereses, ya que éste había sido el objeto de despecho de su esposa. Ahora, después de mucho tiempo para poder superar tanta basura, había sido abandonado nuevamente. Solo que esta vez, por un muchacho veinte años menor que él.
Sonó el timbre, rechinó infinitamente entre los azulejos del baño; y él creyó que su cabeza estallaría. Al no encontrar papel higiénico, se limpio la boca, con la manga de buzo morado. Atendió el portero eléctrico.
- Holugh – dijo intentado evitar que más jugo gástrico saliera por su boca.
- Soy Juan, me enteré, vengo a verte. – sabía muy bien de su problema con la bebida, aguardó un momento, y luego continuó. – baja a abrirme.
Bajó la escalera circular, con sumo cuidado, agarrandose firmemente del barandal. Conocía esos escalones de memoria. No recodaba cuantas veces los había recorrido, en todos los estados imaginados, pero esa noche se le complicaba de sobremanera mantener el equilibrio.
Una vez en la planta baja, abrió la puerta de calle y sin decir una palabra se dio media vuelta para emprender la ardua tarea de regresar a su apartamento.
Cuando Juan ingreso en aquel pequeño departamento, lo único que Charly había podido comprar después que su abogado le diera todo lo demás a su ex, a cambio de unos cuantos polvos, se encontró con su amigo, tirado, sobre el sofá con la cabeza colgando de uno de los lados.
- ¿Nancy se fue? – dijo Juan mientras comenzó a preparar café.
- Si, como si todo este tiempo no hubiese significado nada, así de fácil.
- ¿Dijo algo?
- “En los últimos tiempos me estuve viendo con otra persona y lo prefiero a él”.
- Ouch!
- A la hora de irse, las mujeres son realmente despiadadas, como si los hombres no tuviésemos sentimientos, viviéramos el día a día solo guiados por la testosterona.
- Bueno, no esta tan lejos de la realidad jajjaa.
- Dios realmente debe odiarme, siempre pensé que era tan solo una mala racha, que tarde o temprano se terminaría, pero veo que siempre puedo caer mas abajo.
- Dios no te odia, sino no estaría en tu departamento preparándote café y escuchándote quejarte de cómo tu vida es una mierda. - Aclaró mientras colocaba dos tasas de café sobre una pequeña mesa ratona.
- ¿Otra vez con eso de que sos Dios? Realmente no estoy de humor como para escucharte decir eso ahora. – decía mientras se incorporaba, no sin una considerable cantidad de esfuerzo.
- No es una broma, te lo dije cientos de veces y nunca me creíste, sos la única persona a la cual se lo comenté.
- Bueno, supongamos que soy amigo de Dios, ¿Por qué me pasan todas estas cosas, no debería estar bendecido o algo así?
- No es tan fácil, hay reglas en el universo a las cuales incluso Dios esta atado. ¿Crees en toda esa basura de la biblia del Dios omnipotente y omnipresente? Esos son cuentos de niños.
- ¿Cómo es eso?
- Si un humano entabla una relación con un Dios, este automáticamente pierde influencia sobre él. Y la jurisdicción de dicho individuo pasa a cargo de otro ser supremo.
- A ver si entiendo bien, me estas diciendo que la culpa de todo lo que me pasa es de otro Dios.
- Bingo!
- ¿Por qué hace esto conmigo?
- Bueno, supongo que es para desquitarse conmigo. Yo la abandone para vivir entre los humanos, me intrigaban.
- ¿O sea que toda la mierda que estoy viviendo, es por que vos abandonaste a tu mujer?
- En pocas palabras.
- Cuesta creerlo, si me das una sola prueba de que sos un Dios, prometo creerte.
- Vamos.
Ambos descendieron a la plata baja, Charly abrió la puerta de calle y salieron. Caminaron unas dos calles en dirección al sur. Juan miraba de un lado a otro, como si buscase algo en particular. Cada vez que su amigo mortal iba a decir algo, la deidad lo callaba con un gesto de la mano, para luego indicarle el nuevo camino que tomarían. Se detuvieron en una esquina, cuando de la vereda de enfrente se toparon con un hombre paseando a su perro. Con una señal de la mano, Juan le indico que observara con atención lo que iba a ocurrir. Entonces un estruendo estremeció al Dios hasta la medula, si es que los dioses poseen una de esas. Al girar sobre sus talones, Juan vio que su amigo estaba muerto, aplastado por un inmenso piano de cola que había caído sobre él, proveniente de quien sabe donde.
- Vamos, ¿tanto problema por que me gusta jugar a los bolos? – dijo Juan mirando hacia el cielo con cara de resignación.

Un poco de humor negro.



Michael Jackson vuelve en si, abre sus ojos, mira a su alrededor intentado descubrir donde se encuentra. Entonces mira sus manos, son negras. Se arrastra hacia un charco de agua en el piso y mira su reflejo. Esta negro, viejo, sin cirugías estéticas, nariz de negro, labios de negro, pelo de negro. No puede evitarlo, se le escapa un alarido “soy un topo!!!!”.
- Bienvenido al infierno - dice una voz proveniente detrás de él.
- ¿Cómo que al infierno? – dice Jackson sorprendido.
- Claro, te portaste mal michael!! Muy mal.
Entonces el dueño de aquella voz se hace presente. De entre las sombras sale un elegante hombre, vestido de smoking, peinado con gel y bien perfumado.
- No siempre visto tan formal – aclara Satanás ante la expresión del recién difunto.
- Estoy vestido así, por que tengo una cita con Marilyn Monroe. Así que hoy me voy a saltar las introducciones y vamos a ir directo al grano.
- Espera espera, ¿Marilyn esta acá? ¿La puedo ver?
- No, vamos. – dice el diablo secamente.
Agarra a Jackson de una brazo y lo lleva a rastras por un pasillo, abre una puerta y lo empuja dentro mientras le dice:
- estoy apurado, en resumen, JODETE!! – cierra la puerta bruscamente.
Se enciende una luz de reflector proveniente del techo, que entre la penumbra, deja ver un grupo de ancianos putrefactos muy bien dotados en la entrepierna. Se escucha la voz de lucifer proveniente del exterior.
“COMO TE GUSTABA VIOLARTE NENES, AHORA ESTOS VIEJITOS TE VAN A VIOLAR A VOS, ESPERO QUE TE GUSTEN LAS PIJAS DE METRO SETENTA!!!”
- Noooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!- fue lo ultimo que se escucho de michael Jackson!

Sangre y Bourbon.


Marcos estaba cansado, hacia horas que conducía por la carretera, sin detenerse. La monotonía del paisaje lo había cansado. Decidió detenerse en el siguiente pueblo y pasar la noche en él.
Aparcó el auto frente al primer hotel que vio. Rentó una habitación por una noche. Le pidió al encargado que le recomendara un lugar donde tomar unas copas. Este le recomendó el Bar de Charly, a tan solo unas calles más abajo.
Entro al bar. Fijó su atención en una morocha, bendecida con una atractiva figura, apenas tapada con un pequeño vestido rojo. Se sentó en la barra, dejando una butaca de distancia de aquella fem fatal. Recorrió el resto del lugar con la mirada. Sobre la mesa de billar, había una joven rubia meneando las caderas al ritmo de la música. Ella estaba tan pasada de alcohol, como los admiradores que tenia a su alrededor. Todos gritándole cosas e intentando tocar sus piernas. Los cuales ella evadía, tanto con sus habilidosos pasos de baile como ignorándolos por completo.
- Esto va a terminar mal - pensó marcos en voz alta.
- Esto pasa todas las noches en Charly`s – dijo una voz femenina a su izquierda.
Marcos miró hacia ese lado, la voz pertenecía a la señorita del vestido rojo.
- ¿Todas las noches y nunca terminó en problemas?
- Algún día los va a tener…- hizo una pausa, luego continuó.
- Mi nombre es mona.
- Marcos, ¿que tal? – ella no respondió
- ¿Cómo hago para conseguir algo de tomar? No hay nadie detrás de la barra.
- ¿Qué tomas?
- Bourbon.
Mona se llevó la mano derecha a la boca y chiflo. El ruido resonó en todo el local. Luego grito.
- ¡Barny, un Bourbon para el caballero!
Detrás de la barra, se abrió una puerta camuflada con un espejo. Apareció un inmenso oso grizzli. Sujetó un vaso, habilidosamente, con la boca y lo deposito frente a marcos. Luego fue hasta el final de la barra, agarro una botella de Bourbon, sirvió su vaso y guardo la botella, para desaparecer inmediatamente por la misma puerta que entró.
- ¿Acaba de pasar lo que yo creo que pasó?
- Si si si. Dijo mona entre risas
- Nunca me voy a cansar de las caras de sorpresa de la gente nueva.
- Pero…¿Cómo hay un oso de camarero?
- Charly lo encontró en el 86, cuando viajo a Montreal. Era apenas un osezno, su madre había sido asesinada por cazadores. El gobierno canadiense no quiso hacerse cargo, ya que el Papa estaba de visita. Querían aparentar que todo estaba bien. Así que hicieron de Barny, el problema de Charly. Desde entonces que nunca se separan. Le enseñó todo tipo de trucos.
- ¿Nunca hubo problemas con el oso? – pregunto marcos todavía obnubilado, mientras intentaba beber su trago.
- Generalmente se porta bien, excepto cuando… - calló repentinamente.
Alguien había puesto “guns and roses” en la maquina de discos, mona se puso pálida mientras comenzaba a sonar “welcome to de jungle. La embebida rubia, seguía haciendo su acto sobre la mesa de billar.
- ¿excepto?
- Cuando suena esta maldita banda en la gramola, barny la detesta.
La puerta espejada se abrió bruscamente, barny salió a los gritos, saltó la barra, le arranco la cabeza a un sujeto sentado al final de esta. Se dirigió a la maquina de discos y comenzó a agitarla para que se detenga, pero la música no paraba. La chica de la mesa de billar empezó a gritarle al oso. “¡no la saques! Me gusta esta canción”. Mientras seguía moviendo las caderas. Barny la derribo con una mano y le arrancó toda la ropa a zarpazos. Un sujeto intento detenerlo, pero sus tripas terminaron decorando el suelo. Entonces subió a la mesa y comenzó a violarla, mientras ella gritaba histéricamente. Otros sujetos intentaron, vanamente detenerlo, pero todos terminaron consiguiendo un viaje gratis a la morgue.
- Bueno, cuando se porta mal, lo hace en serio. –dijo mona finalmente.
- Puedo verlo claramente.
Mona pasó detrás de la barra y agarro una botella de Jack Daniels.
- ¿está lejos tu hotel?
- a dos calles de acá.
- vamos.

Hartazgo


Alan estaba cansado de ese tipo de fiestas. Cada vez que iba a una de esas, se preguntaba, por que llamaban a esto fiesta, si lo que menos tenia era diversión. Eran todos los amigos de verónica, su chica, que se juntaban en una casa con música fuerte y se reían entre ellos.
“tristísimo” salio de su boca cuando pasaron el umbral de la puerta. Ella lo sujeto del brazo, “espero que esta vez te portes bien”. “vamos, sabes que vengo acá, por que vos queres que lo haga. Si fuese por mi, prefiero pasarme la noche entera tomando raticida en el baño”. “siempre lo mismo, si no queres venir no atiendas el teléfono, desaparece y punto, o venís y te portas bien”. Alan prefirió quedarse callado, sabia que ninguna respuesta iba a ser satisfactoria para ella, estaba demasiado cansado como para pasarse la noche peleándose.
Fue directamente a la cocina, agarro dos vasos de vidrio, saco una cerveza de la heladera y los lleno. Volvió a la sala de estar, junto a ella, le da un vaso. La dueña de casa chillo “en la mesa hay vasos de plástico, no usen los de vidrio!” alan la miro directamente a los ojos “no voy a tomar cerveza en vaso de plástico, cuando en la cocina hay de vidrio”. Otra persona paso por su lado con un chop de vidrio y se dirigió a reclamarle a él.
“Deforme” se escurrió entre sus labios, recibió un codazo en las costillas. “no seas malo con mis amigas, yo se que no te caen bien, pero intenta hacer el esfuerzo”. “haría el esfuerzo de ser mas paciente, si ella intentase ser menos tarada”. “a vos no te cae bien nadie”, “me cae bien un montón de gente, pero no esta clase de gente”.
“foto foto!!” gritaba otra de las amigas de verónica. Él tapó la cámara con su mano, “nada de fotos!”, “no seas amargo, dale, te saco una foto”, “eh…no, si me sacas una foto voy a desaparecer, nada de fotos”. “¿Cómo que vas a desaparecer por una foto?”, “si, tengo las bolas tan llenas de que me saques fotos, si me sacas una mas me voy a evaporar”.
Paso las siguientes horas, bebiendo e intentando evadir conversaciones. No siempre lo lograba y alguno le daba charla a pesar de sus intentos de eludirla. Un pesado se le engancho a hablarle del comunismo, el Che Guevara, Salvador Allende y todos temas similares. “mira, la verdad que me importa un pito el comunismo y el capitalismo, vea como lo vea, estamos jodidos”, se alejo y se dirigió al baño. Estuvo dentro un rato, perdiendo tiempo, evitando que algún otro cachivache se le pusiera a darle charla.
Cuando salió, lo arrincono en el pasillo, la chica de la cámara de fotos. Antes que pudiera advertirlo, se disparo el flash de la cámara. “ja ja ja te saque una foto” decía ella, mientras hacia un ridículo paso de baile. Alan se miro las manos, podía ver como se empezaban a transparentar. Podía ver el piso a través de ellas. “idiota” fue lo único que salio de su boca, antes de desaparecer del todo.

Sus ropas sobre la arena



Pablo estaba cansado, necesitaba unos días para ordenar su cabeza. Todo había pasado demasiado rápido, en tan poco tiempo. Tenia que alejarse de los lugares cotidianos, que le recordaban constantemente, lo que quería olvidar.
A la mañana siguiente estaba en retiro, 6 horas después en mar del plata. Había algo de esa ciudad que le reconfortaba, tal vez por que parecía haberse quedado en el tiempo, en los ochentas, todo le recordaba a las películas de Olmedo y Porcel.
Las noches comenzaron a pasar y ya se estaba aburriendo. No había mucho para hacer, más que deambular borracho por las calles. Si quería olvidar, iba a ser más fácil con unas cuantas neuronas menos.
La cuarta noche estaba terminando. El estaba pasado de alcohol y el cielo se estaba aclarando. Decidió caminar hasta que se le bajara la borrachera, llego a la playa y siguió caminando. Anduvo por la orilla del mar hasta agotarse, se sentó en la arena y contempló el amanecer. Había algo en ese amanecer que le provocaba nauseas. Quizás fuera el sonido del mar o tal vez del canto de las gaviotas, no estaba del todo seguro, pero sentía unas profundas ganas de vomitar. Entonces escucho PPUUUAAAJJJJ. Pudo ver a su derecha a una joven muchacha de unos 23 años, pelo castaño claro, vomitando sobre la arena. Sintió un calor que le subía desde lo más profundo de sus entrañas, PPPPUUUAAAJJJJJ salio de su boca, junto con una gran mezcla de whisky y cerveza. Cuando terminó, escucho una carcajada. La joven se le acerco, extendió la mano, le ofrecía un chicle de menta. “linda sonata matutina la nuestra” – dijo ella. “últimamente todas mis mañanas son parecidas”.
“mariana! ¿Nos podemos ir? Tengo sueño” decía una voz chillona que provenía desde sus espaldas. “ustedes vayan si quieren, yo me voy a quedar un rato mas”. Sus dos acompañantes se marcharon malhumoradas, una le decía a la otra “siempre lo mismo con esta borracha”.
“¿tu nombre es mariana?”, “así es, ¿el tuyo?”, “Pablo, mucho gusto”, “podes dejar la cortesía de lado, no creo en ella”. “¿como es eso?”, “simple, la cortesía es solo una herramienta para llevarme a la cama”, “¿crees que soy cortes con vos, para ver si te llevo a la cama?, “así es y te digo que no te va a funcionar, ¿tenes un cigarrillo?”. Pablo saco dos cigarrillos, le dio uno. Ambos se quedaron en silencio por un rato. De tanto en tanto él la miraba de reojo, le parecía atractiva. Ella termino su cigarrillo, lo apago contra su brazo, él no dijo nada.
Mariana comenzó a sacarse la ropa, hasta quedar completamente desnuda. “me voy a meter un rato al agua, cuidame la ropa, cuando salga podemos ir a algún lado”. Corrió hacia el mar y se metió. Pablo podía ver como se adentraba cada vez más en el mar. La marea comenzó a crecer, las olas se volvían más grandes, la revolcaban, desaparecía, reaparecía unos cuantos metros a la izquierda o a la derecha. Le gustaba ver el cuerpo de esa chica, su mente proyecto sobre sus ojos todo tipo de fantasía. Cuando volvió a la realidad, ya no la podía ver. Sus pertenencias seguían a su lado, pero ella no estaba a la vista. Se quedó esperándola varias horas, pero nunca volvió. “bueno, otra mas que se va”, se pone de pie y se aleja, dejando sus ropas sobre la arena.